Dormición o Tránsito de la Virgen María

Dormición o Tránsito de la Virgen María

Myriam Navas Guzmán

Investigación - Museo del Carmen Alto

Julio 20, 2018

Hablar de la “Dormición” o “Tránsito de la Virgen María”, es referirse a uno de los conjuntos escultóricos más relevantes del arte quiteño. La escenificación de la muerte de la Virgen, de tamaño casi natural, se conserva en el Monasterio del Carmen Alto o Carmen Antiguo de San José, desde hace más de doscientos años. En la actualidad, el conjunto, que por largo tiempo se mantuvo resguardado entre los claustros conventuales, se exhibe en una de las salas del Museo del Carmen Alto.

La representación plástica de la Dormición de María y su iconografía está inspirada en leyendas, relatos apócrifos y numerosos escritos de teólogos, filósofos y pensadores de la Iglesia Oriental. Según la Leyenda Dorada, un ángel le anunció a la Virgen que partiría a los cielos para reunirse con su Divino Hijo. María recibió una palma que debía ser llevada delante del cortejo fúnebre y colocada sobre su tumba para protegerla de las fuerzas malignas. La Virgen pidió ser acompañada por los apóstoles, quienes se hallaban dispersos por el mundo predicando el Evangelio. Conducidos por ángeles y envueltos en nubes, aparecieron ante el lecho de la Virgen. Rodeada por María de Cleofás, María de Salomé y los apóstoles, la Virgen comulgó y cayó en un profundo sueño. Luego de tres días, ocurrió la “Asunción”; es decir, fue llevada a los cielos en cuerpo y alma por ángeles, o según otras versiones, por su propio Hijo.

La devoción al “Tránsito de María” surgió en el siglo II y se extendió por el mundo cristiano bizantino a partir del siglo VI, y en Occidente a partir del siglo XII. Su culto se difundió en América a partir de la evangelización. En Quito, al erigirse el obispado en el siglo XVI, la catedral fue dedicada a la “Asunción de María”. La devoción alcanzó un intenso fervor, especialmente en el mundo conventual femenino. Durante el último tercio del siglo XVIII, en el Monasterio del Carmen Alto se intensificó su culto, debido al impulso de la monja carmelita Ignacia de San Antonio Villamil Maldonado y la Cofradía del Tránsito de la Virgen fundada alrededor de 1790.

A partir de 1781, la fiesta del Tránsito de María en el Carmen Alto, adquirió mayor fastuosidad. Para la celebración en los días previos al quince de agosto, se realizaba una novena que después se transformó en quincenario. El conjunto conformado por la Virgen, las dos mujeres, los apóstoles y doce ángeles, era bajado al presbiterio de la iglesia del monasterio y colocado en un escenario teatral, propio de la cultura barroca, plagado de luminarias, cortinajes, espejos, y otros objetos.

Según el investigador Jorge Moreno[1], la Virgen fue tallada por “Caspicara”, durante los primeros años de la década de 1780. Es una imagen articulada para vestir, con ojos de vidrio. Yace sobre una cama de estilo rococó tallada en madera, policromada y adornada con espejos. Los apóstoles, las dos mujeres y los ángeles fueron trabajados por manos anónimas entre 1780 y 1790.

Con el paso del tiempo, la fiesta litúrgica decayó; no obstante, la devoción por la “Dormición o Tránsito de María” sigue viva en la religiosidad de la comunidad de carmelitas descalzas del Carmen Alto. Año tras año, le rinden culto con una novena y le encomiendan a la religiosa que pudiera morir en ese año.



[1]Jorge Moreno Egas: “La dormición de la Virgen del convento del Carmen Alto de Quito”. En: www.usc.es/revistas/index.php/semata/article/download/1087/1011

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